Martes 14 de Abril de 2026

Comienza el otoño y la Ciudad cambia de color

Tonos amarillos, ocres y rojos reemplazan el verde de las hojas de las principales especies que componen el arbolado porteño.

Compartir en Redes

Con la llegada de la estación se dan el descenso de las temperaturas y los días más cortos que percibimos, cambios en el clima que juntos desencadenan procesos naturales en nuestros árboles, en los cuales se produce el cambio de color, secado y caída de sus hojas. Dicho proceso es conocido como Senescencia foliar, y consiste en la degradación de clorofila de las hojas (principal responsable del color verde) y demás proteínas allí presentes, para liberar nitrógeno y otros nutrientes, y movilizarlos como reservas a otras partes del árbol. Una vez producida la movilización, se produce la muerte controlada de las células de la hoja, finalizando con su caída.

Calle de otoño

La acumulación de nutrientes permite a los árboles resistir los meses de bajas temperaturas y utilizarlos posteriormente durante la primavera, cuando las condiciones climáticas son favorables al crecimiento de nueva estructura verde, a la floración y fructificación; procesos clave para su supervivencia y reproducción. Además presentan el beneficio de dejar pasar la luz solar, favoreciendo un menor gasto energético en calefacción de los hogares frentistas, razón por la cual se prioriza el uso de este tipo de árboles en veredas.

Esquema gráfico senescencia foliar

Dentro de las especies protagonistas de esta época se encuentran los Fresnos (Fraxinus pennsylvanica y otras especies) y Ginkgos (Ginkgo biloba) que se tiñen de amarillo antes de perder sus hojas, Plátanos (Platanus x acerifolia) y Cipreses calvos (Taxodium distichum) que pasan de verde a ocre, Liquidámbares (Liquidambar styraciflua) tornados en color rojo intenso, y otras especies en su mayoría exóticas a nuestro país que brindan su espectáculo de colores. Las especies nativas de nuestro país como Jacarandás y Lapachos también pierden sus hojas durante los meses fríos, de una manera más progresiva y no tan vistosa.

Todos estos los podemos encontrar distribuídos en distintos corredores y espacios verdes de toda la ciudad, entre ellos aprovechamos a resaltar las agrupaciones de Cipreses calvos del Lago Regatas y Ginkgos de Plaza Chile, ambos ubicados en el barrio de Palermo, catalogados como Árboles Notables de la Ciudad.

Con el otoño también llega la primer Veda de poda del año, que es el periodo durante el cual se suspenden las actividades de poda de corredores y puntuales en toda la ciudad, con el objetivo de no alterar el normal desarrollo del proceso de senescencia y redistribución de nutrientes; buscando preservar la salud y el estado de los árboles. Posterior a esta los árboles entran en un estado de reposo llamado latencia o dormancia, en el que reducen al mínimo sus funciones metabólicas; siendo el mejor momento para realizar distintas tareas de poda.